Llendo al occidente tras dias de andar, y al llegar al final del desierto, donde se sucitan grandes montañas, desde donde el sol despunta, uno se encuentra con un oasis artificial. Artificio del hombre para intentar ganarle a las fuerzas de la naturaleza, pero en vano y vago intento.
Aparentemente en un principio fue un pueblo con empuje y fuerza, que intentando vencer las vicisitudes climaticas, se esforzo tanto por ganarle al desierto, que termino perdiendo la fuerza. Un pueblo que de un austero vergel supo formar una ciudad. Pero que los dioses no tardaron en derrocar una y otra vez... Y en un contexto cansado, los ciudadanos de Penia se ven obligados, aunque mas no sea por un sutil instinto de conservacion, a repetir las labores dia a dia. Asi, quizas, puedan llegar a vencer, aunque mas no sea por cansancio, al tiempo, el espacio y la madre naturaleza.
El polvo del desierto les llena los pulmones, y ese aire polvoriento es el que sutilmente envenena sus espiritus.
La cordialidad y las buenas costumbres son un deber y obligacion de todos sus ciudadanos, que atentamente saludan a los vecinos y amigos. De los cuales se sabe con pelos y señales todos los movimientos. Las interacciones sociales, en grupos de amigos, bares y cafes siempre giran en torno a un tercero no presente. Contandose los ultimos movimientos de ese otro, y agregandole alguna confirtura a gusto del que habla.
Por que nadie quiere ver, que en realidad, la naturaleza es sabia, ya que no perdonara nunca la intrusion del hombre y los que tienen el coraje de ver, huyen y los que no, pereceran en ese circulo polvoriento...
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